Una amistad nacida en la pampa argentina encontró en Chicago una vitrina internacional. La ilusión de un verano sin fin, dirigida por Alessandra Sanguinetti, ganó el Hugo de Oro de la Competencia Internacional de Documentales.
El reconocimiento llegó durante la edición 62 del Festival Internacional de Cine de Chicago. La producción de Argentina y Estados Unidos convirtió un archivo íntimo, construido durante décadas, en una reflexión sobre el crecimiento y la memoria.
La ilusión de un verano sin fin convierte el tiempo en relato
Sanguinetti conoció en 1999 a Guillermina Aranciaga y Belinda Stutz, dos primas inseparables que vivían en una zona rural cercana a Buenos Aires. Desde entonces, comenzó a fotografiar y filmar sus juegos, sueños y transformaciones.
La primera parte del documental recupera imágenes grabadas durante la infancia y adolescencia. Después, el relato acompaña a sus protagonistas hacia la adultez y muestra cómo cambian sus responsabilidades, vínculos y expectativas.
Además, la directora evita presentar sus vidas como una observación distante. La colaboración sostenida entre las tres mujeres convierte la película en un retrato construido desde la confianza y la cercanía.
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Chicago reconoce una mirada latinoamericana
El Hugo de Oro fortalece la presencia del cine latinoamericano dentro de uno de los encuentros cinematográficos más importantes de Estados Unidos. También demuestra que las historias personales pueden conectar con públicos de distintas culturas.
Para la comunidad hispana de Chicago, el premio abre una oportunidad para descubrir una obra hablada en español. Asimismo, destaca el trabajo de una creadora argentina con trayectoria internacional en fotografía.
La película aborda el paso del tiempo, la intimidad femenina y los cambios que acompañan la vida rural. Su ritmo pausado permite observar momentos cotidianos que suelen quedar fuera de las narraciones tradicionales; El documental dura 94 minutos y acredita a Julia Solomonoff como productora. Andrés Tambornino realizó el montaje, mientras Sanguinetti asumió la dirección, el guion y la fotografía.