Chicago es famosa por sus rascacielos, sus trenes elevados y su arquitectura. Sin embargo, debajo de sus calles existe otra parte de la ciudad que pocos visitantes conocen: una red de pasajes peatonales, túneles ferroviarios antiguos e infraestructura diseñada para mantener en movimiento a una de las grandes urbes de Estados Unidos.
Una ciudad que también funciona bajo tierra
Uno de los ejemplos más interesantes es el Chicago Pedway, un sistema de pasajes que conecta edificios, estaciones de transporte y espacios comerciales del centro. Su extensión alcanza aproximadamente cinco millas y comunica más de 50 edificios, de acuerdo con el Chicago Architecture Center.
La red permite a trabajadores y visitantes desplazarse por distintos puntos del centro sin exponerse directamente al frío, la lluvia o la nieve. En una ciudad conocida por sus inviernos intensos, esta infraestructura cumple una función práctica que va más allá de la curiosidad arquitectónica.
Trenes de carga que desaparecieron de la ciudad
Mucho más abajo existió otro sistema todavía más sorprendente. A principios del siglo XX, Chicago desarrolló una red de túneles de carga que llegó a extenderse por cerca de 60 millas.
Pequeños trenes eléctricos transportaban carbón, paquetes, mercancías y residuos entre estaciones ferroviarias y edificios del centro. La idea era reducir el movimiento de carga en las calles y facilitar las operaciones comerciales de una ciudad en crecimiento.
El sistema dejó de funcionar en 1959, cuando el transporte terrestre ganó terreno. Décadas después, parte de esa infraestructura volvió a llamar la atención por un accidente ocurrido en 1992: una perforación accidental cerca del río Chicago permitió la entrada de agua y provocó inundaciones en edificios conectados a los túneles.
Ingeniería urbana con una historia inesperada
La infraestructura subterránea de Chicago demuestra que el desarrollo de una ciudad no depende únicamente de lo que se construye a la vista. También requiere soluciones para transportar mercancías, gestionar el agua y conectar zonas densamente pobladas.
Hoy, estos espacios forman parte de la historia de la ingeniería urbana y ofrecen otra manera de entender cómo evolucionó Chicago. Mientras los turistas miran hacia sus famosos rascacielos, debajo de sus pies permanece la huella de una ciudad que encontró formas poco convencionales de crecer.
Quizá esa sea una de las lecciones más interesantes de Chicago: algunas de sus mayores innovaciones no están en lo más alto de sus edificios, sino escondidas bajo el pavimento.
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