Entre luces, humo y movimientos precisos, una prenda puede revelar tanto como una canción. El vestuario de Chicago convirtió corsés, flecos, medias de red y sombreros en herramientas para expresar ambición, fama y deseo; La película traslada al cine el musical ambientado en la ciudad durante la era del jazz. Renée Zellweger interpreta a Roxie Hart y Catherine Zeta-Jones encarna a Velma Kelly. Richard Gere aparece como Billy Flynn.
El vestuario de Chicago define a sus protagonistas
Colleen Atwood construyó una estética inspirada en el vodevil, el cabaret y la moda de los años veinte. Sin embargo, evitó una reconstrucción histórica rígida. Su propuesta utiliza referencias reconocibles para crear un universo teatral, oscuro y seductor.
El negro domina vestidos, guantes y trajes. Además, las lentejuelas, transparencias y plumas reaccionan con la iluminación y amplifican cada coreografía. La ropa acompaña el movimiento en lugar de funcionar como decoración independiente.
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Del encierro a la fantasía del escenario
Roxie cambia visualmente mientras persigue la celebridad. Sus prendas evolucionan desde una apariencia cotidiana hacia códigos del espectáculo. Por otro lado, Velma utiliza siluetas más seguras y sofisticadas porque domina el escenario desde el inicio.
El contraste entre la prisión y los números musicales refuerza esa transformación. Los uniformes austeros desaparecen dentro de la fantasía y ceden espacio a corsés, brillos y accesorios. Asimismo, maquillaje, danza e iluminación completan la identidad de cada mujer.
La propuesta conserva un vínculo simbólico con Chicago. Evoca una ciudad asociada con clubes nocturnos, jazz, crimen y prensa sensacionalista, aunque filtra esos elementos mediante una mirada contemporánea; La Academia reconoció el trabajo de Atwood con el premio al mejor diseño de vestuario. La película obtuvo seis premios de trece nominaciones, incluidos mejor película, dirección artística, montaje y sonido.