Cuando la mayoría de las personas piensa en Chicago, imagina rascacielos, pizza profunda o deportes. Sin embargo, existe otro elemento que define por completo a la ciudad: el agua.
Ubicada a orillas del gigantesco Lake Michigan, Chicago posee uno de los recursos naturales más importantes de Norteamérica. De hecho, muchas personas se sorprenden al descubrir que desde ciertos puntos el lago parece un océano debido a su enorme extensión.
Además, el agua no solo forma parte del paisaje. También influye en la economía, el clima, el turismo y el estilo de vida de millones de habitantes.
El lago que construyó a Chicago
Gran parte del crecimiento de Chicago estuvo ligado a su acceso al agua. Durante el siglo XIX, la ciudad se convirtió en uno de los centros comerciales más importantes de Estados Unidos gracias a las rutas marítimas conectadas con los Grandes Lagos.
Asimismo, las playas urbanas de Chicago se transformaron en uno de los principales atractivos durante el verano.
Lugares como North Avenue Beach y Oak Street Beach reciben miles de visitantes que buscan disfrutar del lago sin salir de la ciudad.
Una de las mejores aguas del país
Chicago también presume una de las redes de agua potable más reconocidas de Estados Unidos.
Por otro lado, la ciudad invierte constantemente en infraestructura y conservación para proteger el suministro proveniente del Lago Michigan, una de las reservas de agua dulce más importantes del planeta.
En consecuencia, el agua se ha convertido en uno de los recursos estratégicos que podrían definir el futuro de la región mientras otras zonas enfrentan problemas relacionados con sequías y escasez.
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El tesoro azul de Chicago
Mientras muchas ciudades buscan nuevas fuentes de abastecimiento, Chicago tiene frente a sí uno de los recursos naturales más valiosos del siglo XXI.
Actualmente, el Lago Michigan continúa siendo mucho más que un atractivo turístico: es una pieza fundamental de la identidad, economía y futuro de Chicago.